lunes, 7 de noviembre de 2011

YO AMO A LOS ANIMALES (Mi nueva colección de poemas)




HABLA CHITA


Me gusta comer uno tras otro harto(s) plátano(s)
Pelar la cáscara amarilla y luego tirarla
Para que alguien la pise, se resbale y caiga
Sentado de poto al piso y celebrar frenética
Con morisquetas y volteretas esa gracia.
Lo peor de todo fue un duro golpe saber que
Los científicos decantaron en el laboratorio
Que yo nunca existí en la vida real solo en el cine
Dicen que el hombre desciende del mono
La verdad yo ya no sé qué creer después
De ver tantas veces mi serie de televisión
Favorita: “El planeta de los simios” y sus V versiones
Tarzán fue el único amigo que siempre tuve
Pero él ya no está para defenderme más
Era el único que aun sin hablar bien
Comprendía a la perfección todos mis gestos
Y nos llevábamos a las mil maravillas
Hasta que apareció en nuestras vidas Jane
Fue un amor a primera vista en la selva
Un flechazo directo a su corazón silvestre
Hasta convertirse en su compañera de toda la vida
Tiempo después se unió a nosotros Boy
También con taparrabos y ensortijado pelo
Éramos muy felices en plena jungla los tres
Junto a leones fieros cocodrilos y nobles elefantes
¡Boy, Boy! (cómo jodes caracho) ¡Ya voy, ya voy!
Y con él hacíamos travesura y media y monadas…


JORGE ITA GÓMEZ

ORNITORRINQUITO BONITO




ORNITORRINQUITO BONITO


Soy el Dr. Frankenstein del reino animal
Armado por la naturaleza
Con lo que quedó de ella
Mi apariencia es más que curiosa:
Tengo pelambre de topo
Cierto parecido con la ardilla
Ancha y roma cola de castor
Patas de rana regordeta
Espolón de gallo de pelea
Pico de pato y dientes de leche
Y de remate pongo huevos
Digno y exótico ejemplar
Del Museo de Historia Natural
Eso sí agallas no me falta
Segrego veneno como sierpe
No les quepe la menor duda
Soy un gran constructor
Y cuando me sumerjo
A las profundidades fangosas
En procura de sustento
Me doy el lujo de nadar sin ver
Cómo Charles Darwin o Dios
Seguro la gente se pregunta
Al verme así todo feíto
Qué soy: nutria, pato o castor
Al fin seguro de mi condición
Y sin titubear un solo instante
A mucha honra yo responderé
¡Ornitorrinco Señor!
Y no horripilante criatura
Ni el eslabón perdido
En la cadena de la evolución:
Soy el amanecer de una nueva especie.


JORGE ITA GÓMEZ

EL REY LEÓN




EL REY LEÓN

Como a la gente
También a mí
Me llaman por mi nombre
Y de cariño me dicen
Minino grande melenudo
Por mis afiladas garras
Y rugidos ensordecedores
Entre cópula y cópula
Aloco a las hembritas
Soy el rey de la selva
Mamífero de nacimiento
Y carnívoro confeso
Soy una fiera
Me gusta comer negritos
Misioneros blancos
Monitos distraídos
Y caníbales digestivos
Mucho gusto

Mi signo es leo
Y soy presidente
Honorario del club
De leones del África.


JORGE ITA GÓMEZ

EL PELÍCANO




EL PELÍCANO


Me gusta comer a pico
Mucho pescado fresco
Por eso lo saco
Directamente del mar
Lleno mi buche
Como buzón de cartas
Con rico pescado
Y no en tachos de basura
Aunque mi cuerpo pesado
No me ayude mucho
Me elevo lo más que puedo
Para precipitarme
Como tirabuzón en vuelo
Sobre mi presa fresquita
Y chisss frito el pescadito.


JORGE ITA GÓMEZ

HIPO PÓTAMO




HIPO PÓTAMO

Pareces un enorme caballo marino
Con orejas chicas y patas cortas
Ancha mole perezosa recubierta
Por gruesas capas de dunlopillo gris
Pipón y regordete te pareces
Mucho mucho a uno de mis sobrinos
O a un vecinito que tengo enfrente:
Puro cachete y papada escolar
En las buenas y en las malas
Siempre siempre me acuerdo de ti
Sobre todo cuando sufro repentinos
Imparables ataques de hipo o resfrío
Cuando llego a casa borracho
Pasada las tres de la mañana
Sin caldo madrugador que me anime
No hay anemia que a ti te tumbe
Eres un animal colosal y portentoso
Por la abundante grasa que recubre
Toda tu abundante masa corporal
A ti sí que debe dolerte mucho mucho
El corazón y la muela del juicio final…
Por eso tiembla la tierra cuando estás
Enfermito y te pones malito en pijama.



JORGE ITA GÓMEZ

DON COCO DRILO



DON COCO DRILO

De la punta de la nariz hasta la cola
Pues llegan a medir hasta seis metros
Parece un enorme tronco añoso
Entre la maleza o ciénaga de los pantanos
Sigiloso flota como una canoa vieja
Ojos de canica verdeamarillos chispeantes
Que le sirven de faro en la oscuridad
Cuán plácidamente se está a veces
Quietecito dejándose escarminar
Las alimañas de su escarpada anatomía
Por frágiles avecillas que osadas
Incluso posan entre sus fauces
A dentelladas con sus poderosas mandíbulas
Destaza con habilidad de carnicero
Huesos, caparazones de tortuga
Y cuando la furia o el hambre lo acorrala
Crea un huracanado remolino con la cola
Para sumergirse en un abrir y cerrar de ojos
Como un acorazado o submarino de guerra
Dando locas volteretas entre las aguas
Cuando se trata de una especie mayor
Para ahogarla en un dos por tres
Cómo amo mi repujado cocodrilo de cartón.



JORGE ITA GÓMEZ

RINO CERONTE




RINO CERONTE

Mil veces más recio que un toro de lidia
Nada pueden contra mí
Caballos de fuerza de mar ni tierra
Semejante a un grisáceo
Bloque de concreto armado
Todo mi cuerpo de placas superpuestas
Y remaches acabado en fina escudería
Hacen de mí todo un bólido campeón
A excepción de mi corta cola
Que puede ser tirada por las fauces
Aceradas de una hiena
O un hambriento jabalí
De los depredadores solito me defiendo
Con el fiero único cuerno que poseo
Sobre mi aplanada nariz de boxeador
Me levanto con todo en vilo
Árboles, hembritas difíciles
Y como un tanque blindado o acorazado
Inglés cuido mi territorio e imagen
De marca Hermes esculpida
En todos los carros repartidores de caudales
Y ya quisieran muchos cazadores furtivos
Ver rodar mi cabeza para colgarla
Como trofeo en la amplia pared de su salón.



JORGE ITA GÓMEZ

EL ELEFANTE ASADO




EL ELEFANTE ASADO

En días de intenso calor africano
Cuando ni la sombra de los árboles
Te protegen el lomo por fuerte que sea
Suelo darme baños de agua y tierra
En cualquier alberca que encuentre
Con mi propia manguera incorporada
Grácil apéndice que a veces me sirve
De monstruosa nariz o dedos regordetes
En temporadas nos vamos en estampidas
Ya sea porque pisamos una hormiga
O porque vimos un pequeño ratón
Mi pata plana es una aplanadora perfecta
Y mis orejas en forma de hojas
Las dos mejores y más grandes
Antenas parabólicas del mundo
Mi piel de paquidermo luce arrugada
Es gris como el cielo gris de Lima
Y no hay plancha que la pueda planchar
El único amigo que siempre tuve fue Tarzán
Pero él ya no estará más trepado en mi lomo
La fuerza bruta siempre me acompaña
Y no la puedo medir ni controlar,
Cuando la comida me queda chica
Por eso arranco árboles de su corteza
Con todo y raíz. Contrario a los niños
Odio sobremanera el circo, pero
Me encadenan a él y no lo olvido
Odio al domador que me lastima
Sin piedad por quítame esta paja
Recuerden: tengo memoria de elefante
Y te tengo entre ceja y ceja de los bigotes.



JORGE ITA GÓMEZ

MISTER CANGURO




MISTER CANGURO

Yo sí que soy muy precavido:
Llevo mi bolsa de valores
Siempre conmigo crío adentro
Tímido desde allí asoma
Entre los papeles que guardo
Su frágil cabecita. Dura resortera
Mi cola, cuando atleta
Saltimbanqui largas distancias
En duras jornadas recorro
Siempre con el temor de ser
Arrollado por una combi fatal
Lejos de mi natal Australia,
En esta Lima provinciana.
Y si algún atracador me dijera
La vida o la bolsa, obvio microbio,
Le respondería la bolsa y la vida
Y me arrancaría en loca carrera
Para preservarlas a como dé lugar.
Soy campeón natural de boxeo
Grandes patas y orejas chicas
De marsupial: me llaman canguro
Y tengo tosca pinta de boxeador.



JORGE ITA GÓMEZ

HORMIGUITA ATÓMICA





HORMIGUITA ATÓMICA

Soy muy pequeñita
Pero trabajo muy duro
Porque quiero ser grande
Como cargador en La Parada
Llevo al hombro hojas,
Alimañas muertas en combate
Melones, trozos de queso
Y medias lunas de sandía
Por eso hierve el hormiguero
Como rico panal de miel
Digo esto porque lo vi
En unos dibujos animados
Conste por la televisión
Con mis antenitas de vinil
Y a la hora de la hora
Aunque pequeña todavía
Como los grandes insectos
Solemos reproducimos
Por miles de miríadas
Para peleamos en mancha
Pero solo en el chiste
Con grandulones elefantes.



JORGE ITA GÓMEZ

LA JIRAFA




LA JIRAFA


Mi cuello alargado
Es tan elevado
Como un rascacielos
Subdesarrollado
Y husmea desde las alturas
Hacia abajo
Como arremangada
Escalera telescópica
Pero déjenme también decirles
Que no le temo
Al mal de las alturas
Desde donde percibo
El aroma de las flores
Estoy acostumbrada a ellas
Por eso camino
Como torre elegante
O rumorosa señorita
Que va de shopping
Y rezo mucho mucho
Para que no me dé
Un ataque repentino
De tortículis
Al voltear distraída
Las esquinas arbóreas
Pues no hay bufanda
Para mi talla
Que ya roza las nubes.
Ah, me olvidaba,
Antes de irme por favor
Puede alguien decirme
O saben por casualidad
Alguno de ustedes
¿Qué pomada es buena
Para quitarle un poco
De pecas y manchas
A mi delicada piel?...


JORGE ITA GÓMEZ

EL AVESTRUZ




EL AVESTRUZ

Mi perfil psicológico indica:
Plumífero de perfil bajo
Y gran tamaño, no obstante,
Tan grandote y tan gallina
Y la verdad ya estoy harto
De que la gente me vea así
Por qué tengo que vivir
Como humillado y ofendido
O convidado de piedra
Comer siempre agachado
¿Escondiéndome de alguien?
Trago todo lo que encuentro
A mi paso, cabeza gacha,
Clavos, vidrios molidos,
Escarabajos, bolitas de caca,
Siempre enterrada en el hoyo
Mi triste cabeza de chorlito
Quienquiera diría que soy
Y tendría toda la razón
Enemigo de la etiqueta social
Tengo de todo en el buche
Mientras llego a casa-corral
Y mi hembra pone para mí
Huevos enormes que parecen
Blancas piedras prehistóricas.


JORGE ITA GÓMEZ.

CAMEL




CAMEL


Doy la sensación de estar siempre mascando
Chiclets de Adams, pura baba, o
Pastillas de fresca menta entre bridas
Es que hace tanto calor en el desierto
Que mis patas terminadas en primorosas pezuñas
Como patas de la cabra me permiten entre dunas
Y oasis sortean mil y un peligros
Y echar a andar a toda carrera como un galgo
Los beduinos me cuentan como uno más
De los numerosos integrantes de su clan
Y me da gusto vivir con ellos en vistosas tiendas
Puedo pasarme la vida entera gracias
A mi almacén de grasa sin beber agua muchos días
Por eso me doy el lujo de llenar de escupitajos
Como la llama a quien me caiga gordo
Y debo por ahí ser pariente lejano
Aunque habito en el Sahara y al norte del África
A ciencia cierta no lo sé de los caballos
Pero de lo que sí estoy 100% seguro
Es que mi primo hermano es el dromedario
Que me anda jorobando todo el santo día porque
Tengo grabada mi imagen rockera
En la cajetilla de una marca de cigarro
Registrada a mi nombre “Camel”
Y a la hora roja anaranjada del sunset
El sol chico bueno se oculta entre mis dos jibas.


JORGE ITA GÓMEZ

LA CEBRA RAYADA




LA CEBRA RAYADA

Desde mucho mucho antes de nacer
Me gustaba dibujar rayas con un palo
Soy primo hermano del burro
Por eso al momento de nacer
La madre naturaleza me vistió a rayas
Animal atrapado en la ventana
Persiana importada del reino africano
Me dicen tengo la patente pero
Yo inventé el traje a rayas del reo
Una raya más no le hace nadie al tigre
Pero a la cebra sí, por eso mi enojo
Y al menor atisbo de peligro en el aire
Emprendo rayada la veloz huida
Para marear con mis movimientos
De piques y quiebres a uno y otro lado
A la manada hambrienta de leones
Que me quiere borrar de toda la tierra.


JORGE ITA GÓMEZ

OSITO PANDA




OSITO PANDA


Amo a los osos pandas bebés
Solo los tengo en peluche
En todos los tamaños posibles
Y ya quisiera uno arrullarlos
Se hacen querer un montón
Hasta parece que usaran anteojos
Sabia la naturaleza los pintó
Para mí con primor albinegros
Como todos los niños de pecho
Son muy curiosos y juguetones
Algodón con manchas negras
Toman harta leche y escogen
Para comer con sus pequeñas
Patitas solo hojas verdes y frescas
Da gusto verlos jugar sentados
Como pequeños sumos recién
Pañalados para la lucha libre
Quisiera tener uno de verdad
Para darles de comer muy rico
A toda hora cañitas de bambú
Y sacarlo a pasear de la mano
En matinée al cine o al parque
Como a un niño que engríe
Su padre sin contemplaciones
Y rabona me siga los domingos
Religi-osa-mente a donde voy.



JORGE ITA GÓMEZ


miércoles, 17 de agosto de 2011

ODA A LA POESÍA: PABLO NERUDA




Cerca de cincuenta años
caminando contigo, Poesía.
Al principio me enredabas los pies
y caía de bruces
sobre la tierra oscura
o enterraba los ojos en la charca
para ver las estrellas.

Más tarde te ceñiste
a mí con los dos brazos de la amante
y te subiste en mi sangre
como una enredadera.
Luego
te convertiste en copa.

Hermoso fue
ir derramándote sin consumirte,
ir entregando tu agua inagotable,
ir viendo que una gota
caía sobre un corazón quemado
y desde sus cenizas revivía.

Pero
no me bastó tampoco.
Tanto anduve contigo
que te perdí el respeto.
Dejé de verte como náyade vaporosa,
Te puse a trabajar de lavandera,
a vender pan en las panaderías,
a hilar con las sencillas tejedoras,
a golpear hierros en la metalurgia.

Y seguiste conmigo
andando por el mundo,
pero tú ya no eras
la florida estatua de mi infancia.

Hablabas
ahora con voz férrea.
Tus manos
fueron duras como las piedras.
Tu corazón
fue un abundante manantial de campanas,
elaboraste pan a manos llenas,
me ayudaste a no caer de bruces,
me buscaste compañía,
no una mujer, no un hombre,
sino miles, millones.

Juntos, Poesía,
fuimos al combate, a la huelga,
al desfile, a los puertos, a la mina,
y me reí cuando saliste
con la frente manchada de carbón
o coronada de aserrín fragante
de los aserraderos.
Ya no dormíamos en los caminos.
Nos esperaban grupos
de obreros con camisas
recién lavadas y banderas rojas.

Y tú, Poesía,
antes tan desdichadamente tímida,
a la cabeza fuiste
y todos se acostumbraron a tu vestidura
de estrella cotidiana,
porque aunque algún relámpago delató tu familia
cumpliste tu tarea,
tu paso entre los pasos de los hombres.

Yo te pedí que fueras
utilitaria y útil,
como metal o harina,
dispuesta a ser arado,
herramienta, pan y vino,
dispuesta, Poesía,
a luchar cuerpo a cuerpo
y a caer desangrándote.

Y ahora, Poesía,
gracias, esposa,
hermana o madre o novia,
gracias, ola marina,
azahar y bandera,
motor de música,
largo pétalo de oro,
campana submarina,
granero inextinguible,
gracias
tierra de cada uno de mis días,
vapor celeste y sangre de mis años,
porque me acompañaste
desde la más enrarecida altura
hasta la simple mesa de los pobres,
porque pusiste en mi alma
sabor ferruginoso y fuego frío,
porque me levantaste
hasta la altura insigne
de los hombres comunes.

Poesía,
porque contigo
mientras me fui gastando
tú continuaste desarrollando tu frescura firme,
tu ímpetu cristalino,
como si el tiempo
que poco a poco me convierte en tierra
fuera a dejar corriendo eternamente
las aguas de mi canto.


PABLO NERUDA

De "Odas elementales" (1954).

jueves, 9 de junio de 2011

DE LA SOLEDAD DE SIGFRIDO A LA SOLEDAD DE NUESTROS DÍAS: Por Jorge Ita Gómez

Lúcido y apasionado poeta de la Generación del 90, dotado además de especial talento para el ensayo y la crítica manifiesto en su interesante propuesta para iniciar una estética de la posmodernidad denominada Teoría de las micciones; en la que revela una tendencia de desparpajo y de ironización tanto de la Civilización del Consumo cuanto de los excesos del Neoliberalismo salvaje e irracional; amén de sus igualmente Técnicas de restauración poética (revisar/consultar) y de sus polémicos y enjundiosos artículos desperdigados en fanzines, diarios y revistas de la especialidad.

Antonio Sarmiento (Chimbote, 1966) cursó estudios en las facultades de Ciencias de la Comunicación y de Educación de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega, en la que obtuviera el Primer Premio de Poesía en los Juegos Florales de 1986, distinguiéndose desde entonces como uno de pilares fundamentales de la Tradición Poética Garcilasina, hermosa gesta heroica tejida con renovada fe junto a Miguel Ángel Guzmán Dávila e Ita Gómez: terrenalmente recién bautizada trinidad.

Lleva a la fecha publicados Metamorfoseo orgásmico (Lima,1994, Ediciones Amantes del País, 64 pp.) que prácticamente lo arrancó del ostracismo rescatándolo de las pesadillas feéricas en las que (se des) vivía. Tejido al calor abrazador de -como él mismo refiere- “mis lecturas de Franz Kafka y en las canciones de John Lennon”, y cuyo magma poético reconcentrará ulteriormente en sus celebrados -a lo Lautréamont- Cantos de Castor (Lima 1999, Fondo de Fuego Editores, 72 pp.) o “inusitados poemas chatarras”, resultantes de su constante preocupación y permanente búsqueda y reflexión por encarnar los auténticos ideales de toda una generación. Luego vendría Tontas canciones de amor (Lima 2002, Fondo Editorial de la UIGV, 53 pp.), poesía enamorada del amor a la poesía, en el que sigue incesante cantando al eterno tema del amor redivivo en sus diversas variantes con sabiduría extremada y que nos llevan sin dilación directo al corazón enamorado de la amada (divinas Beatrices, Lauras encantadas). Y El junco y la tormenta (Lima 2004, Ediciones El Collar de la Paloma, 59 pp.), poemario de múltiples aristas y tono clásico que le auguran celebridad; pues Arde aquí un sarmiento/poeta amante y guerrero (Pág. 59) de antena atenta y pulso firme, con la pluma y la espada desenvainada ante la maravilla delectante de expectar el credo y las magnificencias de su creado Universo poético.

“El apasionado y fervoroso” poeta que es Antonio Sarmiento en su más reciente entrega denominada La soledad de Sigfrido (Ediciones Altazor, Lima 2010), modelo de literatura costumbrista, explora al modo folletinesco o de una coruscante novelita de aventuras, el dilatado universo literario con todos los medios a su alcance, es decir, se abstrae y extrae lo mejor de él y no agota ni angosta sus recursos expresivos ahí, en el género anfibio, como llamaría Octavio Paz a la fusión de la prosa y la poesía, sino que la configura a ratos y a trazos monologantes y aun va mucho más allá de las lindes y sus lindes, en función de su palabra poética, irreverente y desmitificadora al mismo tiempo.

Dividido en tres estancias diferenciadas, los poemas de la primera sección Metáfora del libro-hombre-pájaro, en palabras de su autor, están empapados de un lirismo de corte romántico que los alejan del estilo “circunstancial” de los textos de la segunda y tercera parte, Animales en su hábitat y La ciudad de los gritos, respectivamente, en los que asoman más bien acentuados rasgos urbanos de marginación y soledad agobiantes, emergentes de la praxis y la convivencia cotidiana en medio del caos social que llevan a refugiarnos en las laberínticas interioridades de nuestra “choledad”, rostro genuino y rasgo distintivo de nuestra finalmente verdadera identidad.

En los tres rubros arriba indicados, están sólidamente bien representados en eclosión de plenitud creativa los poemas Metáfora del libro-hombre-pájaro, Ante la tumba del viejo Marrapai y Cenotafio; En agosto tampoco hay milagros, El fresco, El fundamento, El micro(bios), El último baile, El trazo, Poema con gente divertida adentro, Mujer ancha sin licencia de conducir, El horizonte de Chico Morado; Busto para un rostro cualquiera, La ciudad de los gritos, Gran Parada de Lima, Houdini en el cielo del Rímac, Desapareciendo el cerro San Cristóbal, Fundación de Villa El Salvador, Las constelaciones, Variaciones de la luz y Mercado de baratijas, textos de singular belleza y gran valía, que bien condensan la gaya ciencia, el gracejo y la invectiva propios del poeta.

De otra parte, crea situaciones ficcionales o no e inventa personajes variopintos que van relatando sus aventuras y desventuras a partir del poema, historias dramáticas de la deshumanización del arte y de las civilizaciones debido, entre otras poderosas razones, al uso desmedido del Internet y su amplio espectro digitalizado por la tecnología, en una sociedad global cada vez más de consumo (y de política neoliberal) que automatiza y seduce cada vez más a mayores sectores de la población de a pie, carentes de conciencia y sensibilidad, agazapados en el día a día porque no tienen tiempo para leer, sino apenas para subrepticia y surrealistamente subsistir como en un fresco de Chagall o de Chirico.

Ahí están poblando sus páginas y cobrando cada vez más vida la misteriosa aparición y desaparición de la poeta limeña Vexaida (en realidad Andrea), a quien conoce en largas pláticas por Internet; Blanco como uno de tantos antisociales que pululan enajenados rasgando las vestiduras de la noche; lo mismo así, como creando una atmósfera legendaria haciendo alarde de erudición, el prologuista del libro Leopoldo Santini y Sigfrido con el peso de su soledad a cuestas, acaso alter ego, heterónimo o leyenda viva del mismísimo poeta engastada en el oro refulgente de sus versos para la posteridad.

Como Borges o Mario Vargas Llosa u otros tantos quijotes modernos o pequeños anónimos héroes literarios nos negamos rotundamente a creer en la desaparición del libro, por imposible, pues no se trata ya a estas alturas de dilucidar disquisiciones ordinarias de que vaya a ser o no reemplazado por las modernas máquinas memoriosas llamadas computadoras, siendo el libro como cuando andando los tiempos de la historia, el objeto más preciado de nuestros deseos a la fecha, en el que “se instala la ficción y la maravilla”, dejando para siempre en el olvido qué digo décadas, siglos enteros de malsano oscurantismo y flamígeras lenguas de fuego de la hoguera ignominiosa, al que otrora fueron condenados.

De ahí concluimos que Antonio Sarmiento, poeta garcilasino adscrito a la generación del 90, que antes firmara como Braulio Castor bajo una suerte de desmitificación, decantación, deicidio o metamorfoseo orgásmico, soslayando toda retórica, es un hábil forjador de mundos paralelos y ávido lector de la poesía gravitante de su tiempo, cuyo hilo conductor es la plenitud de su narratividad postmoderna y la sólida construcción de sus imágenes deslumbrantes. Prueba de ello, La soledad de Sigfrido. Léanlo.