sábado, 1 de febrero de 2014

GATIMONIO: testimonio de amor a los gatos (Por: Jorge Ita Gómez)


El poeta el día de la presentación junto a la editora Fernanda Balangero


      El poeta colombiano Sergio Laignelet (Bogotá, 1969), residente en Madrid desde el año 2000, acaba de firmar para la posteridad su testimonio de amor a la poesía y a los gatos, en Gatimonio (Lebas, 2013), significativo aporte a las letras de habla hispana, en bella y pulcra edición.

Laignelet, reúne 177 poemas de 99 autores hispanoamericanos, entre los que figuran los poetas peruanos César Atahualpa Rodríguez, Arturo Corcuera, Luis La Hoz, Armando Arteaga, Eduardo Chirinos, Antonio Cisneros, Américo Ferrari, Carlos López  Degregori, Roger Santiváñez, Rocío Silva-Santisteban, José Watanabe y Miguel Ángel Zapata.

Complementan la lista de antologados, poetas de otras latitudes como Óscar Hahn, Ernesto Cardenal, José Emilio Pacheco, Carlos Martínez Rivas, Homero Aridjis, José Carlos Becerra, Andrés Eloy Blanco, Jorge Luis Borges, León de Greiff, Eliseo Diego, José Lezama Lima, Alberto Girri, Enrique Lihn, Olga Orozco, Nicanor Parra, Gonzalo Rojas, Jaime Sabines, Ida Vitale, José Juan Tablada, Jorge Teillier, Gabriel Zaid, Raúl Zurita, entre otros.

Conocido es el encanto que sentían los poetas Edgar Allan Poe, Charles Baudelaire, Charles Bukowski y tantos otros más por los gatos, esos nobles animalitos del Señor satanizados en muchas leyendas urbanas como otrora en el imaginario medieval creían ver en él a la encarnación del mismísimo Lucifer, cuando en realidad abonan, como vemos, tantísima más ternura, haciendo derroche de misterio y sensualidad con prosa sobre la marcha.

El gato (Miw) ejerce como su electrizante cola agazapada sobre quien lo contempla cierta fascinación perturbadora, símbolo del poder (diosa gata Bastet) en el antiguo Egipto, se le atribuye siete vidas y se le compara también con un tigre doméstico en miniatura rozándonos al paso con terquedad y ternura obsesiva su elástico lomo el pantalón.

       Como que todos son pardos en la noche, se ha consagrado igualmente en el almanaque a agosto como el mes de estos felinos no por una creencia mística, sino más bien científica: “poliéstrico estacional”, le llaman, al mes de celos e intensos correteos y maullidos perturbadores por todos los tejados. Incluso hay una canción en inglés titulada The Year Of The Cat, que también popularizó en el ámbito hispano en la década de los ’80, el músico, cantante y compositor británico nacido en Glasgow-Escocia, Al Stewart.

En San Luis de Cañete (sur de Lima-Perú) desde hace 19 años todos los 21 de setiembre se realiza la polémica festividad de Santa Ifigenia, llamada también el “Festival del Curruñao” o “Fiesta del Gato” en honor a esta Virgen negra, patrona de las artes de los afrodescendientes peruanos, cuya gastronomía cuenta como principal atractivo con los diversos platillos preparados con carne de gato (guiso y chicharrón, principalmente), hoy penado y prohibido definitivamente por la Ley de protección a los animales.

Verdad o no aquello de que hay mucho misterio y tanta belleza como gato encerrado en la poesía desde el origen de los tiempos, solo queda tirar del gatillo y desentrañar ese enigma secular leyendo con devoción y placer esta magnífica antología gatuna, a la luz de la Luna, entre ron(roneos), agudos maullidos y g(r)ata compañía.


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