domingo, 9 de mayo de 2010

PALABRAS A MAMÁ EN SU DÍA



A mi madre: María Estela Gómez De Paz de Ita


“Hay una mujer que tiene algo de Dios
por la inmensidad de su amor
y mucho de ángel por la incansable
solicitud de sus cuidados”...


Ramón Ángel de Jara.



Es un lugar común afirmar que: “Madre hay una sola”. Es por esta razón que desde antiguo la madre ha sido, es y será siempre fuente inagotable de inspiración de poetas y escritores de todos los tiempos y latitudes. Y de esta historia, da vivo testimonio poéticamente narrada en versos las más brillantes páginas de la literatura nacional y universal. Quién no recuerda, por ejemplo, “La Madre” de Máximo Gorki o “Madre Coraje” de Bertolt Brecht, por citar sólo algunos ejemplos.

(Rosas, rosas y más rosas; llueve rosas blancas, rosas rojas; ¡qué de rosas en el cielo, Madre, para simbolizar tu santa presencia o dolorosa ausencia).

Debemos la institucionalidad del “Día de la Madre” a la ciudadana norteamericana Anna Jarvis, huérfana de padre desde muy niña, quien ayudaba a su madre a cuidar a su hermana invidente más pequeña con el mismo amor y cuidados que prodigaba a la autora de sus días, muriendo a la edad de 60 años sin haber tenido el privilegio de ser madre.

Y en el Perú, debemos la feliz iniciativa de celebrar cada segundo domingo de mayo el “Día de la Madre”, al ilustre abogado ancashino Dr. Carlos Alberto Izaguirre.

“Vergüenza debiera darme:/marcar un día del año/para querer a la madre/cuando toda una existencia/no basta para adorarla...” sabiamente ha dicho el gran poeta de color y sabor peruanos Nicomedes Santa Cruz.

De modo tal, que mal hacemos en acordarnos de ella sólo en los días o fiestas de guardar: debemos rendir un cálido homenaje a nuestra Madre no sólo ahora sino todos los días, de todos los años de nuestra existencia, en respuesta a la abnegada labor de sacrificio que despliega por nosotros en todo momento y sin pedir por ello a cambio nunca nada. Que la madre no sea entonces como esa flor que el niño ama y el hombre olvida.

Finalmente, parafraseando a Jesús, Divino Maestro, concluiré con esta breve reflexión: “Madre, perdónanos, porque a veces no sabemos lo que hacemos”.



Jorge Ita Gómez


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