jueves, 18 de febrero de 2010

JAMÁS ME SENTÍ COMO AHORA VIDRIADO DE DOLOR



Un día después que experimenté tu ausencia, doliéndome el alma fuerte, me oprimía un duro dolor en el pecho, el corazón hecho piedra como suave corbata de seda se me hacía nudos la saliva en la garganta y a más no poder se me nublaba la vista como un espejismo o vértigo abrumador por alcanzar mayor velocidad desde la altura. Una fría sudoración recorría copiosa entonces, palmo a palmo, todo mi ser, hasta palidecer. Qué feo. Jamás me sentí como ahora vidriado de dolor. Jamás, como hoy, lo juro por Dios, me sentí tan frágil cristal hecho trizas en manos de nadie.


Jorge Ita Gómez

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