miércoles, 3 de febrero de 2010

HUSH PUPPIES: Por: WALTHER RAMOS



"Si yo fuera perro sería un Basset Hound... Hush Puppies, para mayor referencia", le respondí a una periodista que escribía algo sobre mascotas. ¿Por qué? Pues porque son los seres más tristes del planeta, o al menos eso aparentan, ya que aun en sus desbordes de euforia, cola revoloteada mediante, su rostro taciturno no les ayuda. Ojos dormilones, orejas caídas, cuerpo apagado... unos eternos y auténticos losers. ¿Por qué yo? No lo sé exactamente, lo más que puedo decir es que en las noches de insomnio premeditado, me siento miserable, incomprendido, como el náufrago a quien nadie ve –o no quieren venir a rescatar–, hablando conmigo mismo, discutiendo de política con mi ego, charlando de ópera con mi álter ego, y compartiendo el humo del cigarro con mi súper ego. Busco todo el tiempo, pero no sé lo que busco. Encuentro todo el tiempo, pero no sé lo que encuentro. No encuentro, busco. No busco, encuentro. El destino juega conmigo mostrándome algo que he esperado siempre, y luego, al tratar yo de alcanzarlo, me lo retira ipso facto, exactamente como Kiko y el Chavo. ¿Quieres...? ¡Compra! Soy Chespirito, el Flaco, Costello, Robin, Watson... todo un partner secundón, soy el actor secundario que tranquilamente podría estar excluido de los créditos del filme ganador del Oscar sin que nadie lo note. Eso de que la procesión va por dentro son pamplinas, mi procesión va por fuera. Me miro al espejo luego de cada derrota diaria, ¿y qué veo?, una extraña metamorfosis caleidoscópica: mis orejas empiezan a crecer y apuntar al suelo. Mi nariz se humedece y oscurece, mis ojos ahora son casi de anime. Sin duda soy un Hush Puppies.




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