viernes, 22 de enero de 2010

EL DULCE CANTAR DE UN FRAILE ENAMORADO




El peor de los olvidos, incluso más que la propia muerte, es el silencio. No silencies entonces el celular, el chat ni los e-mails por nada de este mundo para liberarme de la muerte que es también una de las formas peores del olvido. No silencies tu canto gregoriano ni dejen de resonar en cada paso que das tus sandalias franciscanas en los amplios corredores ataviados con rosales y arcos celestiales, que me conducen a tu nave dorada del Convento de La Merced, en gracia plena a verte, hermosa amiga, amada mía, ciego de luz, a cantarte mis cantares así, ciego de luz, como el rey Salomón a su princesa ardiente y morena y pechos de blanca paloma en celo como la mía.



Jorge Ita Gómez

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