jueves, 13 de agosto de 2009

OPINIONES Y JUICIOS DIVERSOS SOBRE ANSIANHELANTE



GÉNESIS DEL “ANSIANHELANTE”

De las múltiples motivaciones que el poeta tiene para escribir como el amor, la vida y sus antípodas (“está presente entre nosotros la muerte/(que es siempre un familiar);”); sin dejar de lado la angustia existencial propio de la actual coyuntura dado el deseo ferviente de trascender, voy a destacar tan sólo el de la muerte: cara preocupación o pesada cruz que desde el instante mismo que nacemos hasta que doblamos la última curva del camino, cargamos con ella por la cuesta más honda o las más empinadas cumbres de nuestra corta existencia terrena, como accidente de la vida o culminación de la misma e inicio de otra.

Ha sido pues, en realidad, la muerte (de los celestes seres que amo) la verdadera motivación que me llevó incidentalmente a escribir en primera y última instancia “Ansianhelante” hasta su ulterior culminación; supremo principio y fin que me obliga a decir eso que no ha mucho leí por ahí... “Dios, en efecto, programó la mente humana con el deseo de vivir eternamente”; tal como nos lo refiere el Eclesiastés 3:11, “Puso (...) la eternidad en la mente del hombre”.

Vista la muerte (“patria a la que volvemos siempre”) no ya con el dramatismo acostumbrado sino como un hecho cotidiano (irónicamente representada por el muralista Diego Rivera), va tornándose en un tema cada vez más obsesivo, en algunos cuando no en todos los poemas que a lo largo de las tres secciones en que “Ansianhelante” como símbolo, suerte o milagro de redención, larga, desesperada y pacientemente esperada, está dividido. “Acaso porque en momentos como los que ahora vivimos la muerte es lo único que no le pueden quitar al hombre”, como certeramente apunta el acucioso y excelente poeta y crítico mexicano Xavier Villaurrutia.

Dicho esto, “Ansianhelante”, en resumidas cuentas, de modo global re-plantea implícita y explícitamente “el deseo y el ansia de trascendencia del hombre en cuanto a ser”; por cuanto existe en nuestro cuerpo suficientes indicios de que fuimos hechos para vivir eternamente (de no haber mediado el pecado y la desobediencia); siendo virtualmente pruebas fehacientes de ello el cerebro y ese modo silencioso de ponerse en práctica indefinidamente en todo nuestro cuerpo el proceso de regeneración de nuestros tejidos, siendo así “La muerte reducida a nada” (I Corintios: 15:26); constituyéndose en un auténtico prodigio que a la fecha (en que el desarrollo de la ciencia y la tecnología se da vertiginosamente) aún nos maravilla sin dejar por ello de sorprendernos; en el entendido de que al poeta, “humanito de Dios”, no se le mide por lo que viste y calza como un guante, sino más bien y por sobre todas las cosas banales, por la permanencia de su palabra en el tiempo y en la memoria colectiva de los pueblos con el “ansia anhelante de eternidad”.


Jorge Ita Gómez.


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ANSIANHELANTE

Realizar un acercamiento a la poesía peruana contemporánea última, es una forma de entender que la sensibilidad de la ternura se mantiene viva; y Jorge Ita Gómez nos vuelve a enfrentar con una poesía diáfana y sencilla. “Ansianhelante” (A), así se titula este nuevo conjunto de poemas de vivida intensidad poética.

Ita Gómez, anteriormente nos había entregado “El amor visto a través del vino” (1989) y “Reino de este mundo” (1990), libros donde se notaba ya la búsqueda de una voz personal que logra con este tercer libro el matrimonio secreto del poeta con la poesía. Lo curioso es anotar además, que no es extraña la pasión que se respira en cada poema de este nuevo libro. La contemplación de la mirada se ha hecho reino de ternura y de fe ciega en el acto de respirar y respirar poesía:

“Y solamente a ti Poesía/Pertenezco en cuerpo/Y alma para siempre: YO”.

Esta afirmación categórica es recurrente en imágenes de compromiso al acto de escritura, a los objetos sagrados, al acto de estar pegado como él mismo dice al pie de las letras. Es un tema recurrente a lo largo del poemario. Es una motivación casi obsesiva que se puede rastrear en varios versos.

“Ansianhelante”, es la propuesta de la construcción de una gran poética. La imagen del yo poético, el de los Quevedos, el de la figura delgada, o el ironizado San Hueso, paseándose, buscando el pan de vida y esa bebida de salvación que es la poesía. El libro atrae desde una primera lectura, atrae por esa carga de ternura que anima algunos discursos, y más aún, cuando la imagen de enfrentar la poesía se manifiesta en la imagen de una mujer hecha luz, sombra, amor, deseo, frustración, etc. Es el poemario un canto enorme del corazón que se derrama en rastros de ternura, de risa y de ansiedad. Para nadie es extraño que los mejores libros de poesía han sido aquellos donde el corazón se ha inclinado rendido por el peso del amor; si no hay que recordar “La voz a ti debida” de Pedro Salinas, “Veinte poemas de amor y una canción desesperada” de Pablo Neruda, “Cancionero” de Petrarca, verbigracia.

En conjunto, “Ansianhelante” es una rara conjunción de deseo, posesión, camino, ternura, canto de poesía, compromiso y fe. (A) es un homenaje a la palabra, que a lo largo de las tres secciones en que está estructurado se va mostrando como pequeñas lecciones de un mundo comprometido con la imagen y la metaforización del acto creativo.

“Razón de canto”, la primera sección tiene una puerta de ingreso, la mención a un mes simbólico de las letras peruanas. Pequeño poema abrileño que no es más que un pretexto para hablar desde adentro de la gran pasión temática que invade todo el texto. Los textos que se van sucediendo van retratando al poeta en imágenes llenas de ironía de inventarse como escritor. Lucha y agonía del arduo trabajo creador. Verdad para cantar y contar el decir de la pasión de afirmar el fuego quemante de la voz, de la palabra, de la dama-mujer, mujer-poesía o más mujer de deseo construida con besos y versos de los dedos. Esta sección es una sección de poéticas como veremos en “Razón de canto”:

“Al poeta le gusta, mientras conversa
De la flora y fauna verdiazul
De su estancia solariega en Chaclacayo”... (frag.)

Poema de homenaje -según propia confesión del autor, al poeta Arturo Corcuera-; o actitud de afirmación del acto creativo. Otro hecho perceptible en esta primera parte es la “apropiación”, la “referencialidad” intertextual. Homenaje, admiración a varios escritores visibles en algunos versos. Así podemos mencionar a: Balzac, Cervantes, Quevedo, Pessoa, Vallejo, Parra, Idea Vilariño, verbigracia. (A) mantiene un ritmo de acercamiento permanente entre la dicotomía poeta-poesía. Hay un grado de solemnidad y obsesiva pasión por lograr el feliz matrimonio poético. Hecho que podemos notar en “Saudade” o en el poema titulado “Román palatino”, donde nos dice:

“Todo fácil (o non fácil) ha sido
Este iryvenir
Del ser a la nada/de la nada al ser”.


Esta búsqueda es el ser de la poesía. O en “Juegos Florales” donde la afirmación es casi una confesión pura de la verdad de la pasión:

“He criado versos toda mi vida”.

Persecución de la palabra poesía; imagen que se hace poesía como en Gustavo A. Bécquer la imagen imposible-posible, Amada-Desamada, de una mujer. Así, ya desde la dedicatoria temprana, la huidiza figura emblemática de la amada, tan cara al poeta y destinataria final de estos versos, aparecerá reiteradamente en leves aluciones así como en los más febriles ocultos sentimientos del poeta que por momentos se llena de orfandad y canto a pecho herido abierto por la "sua" inconstancia. Léase sino versos como: “Malos, malvados, perversos./Los invisibles hilos que de mí/Te alejan, como si yo,/Queriéndote como te quiero/Fuera a hacerte daño/Con sólo escribirte versos./Imposible entonces llamarte”. O en poemas tales como: “Poema memorable”, “Heredad”, “Po-ética”, “Satisfacción de obra”, etc. Todos estos discursos movilizando el universo de la poesía y del amor impulsados por la afirmación del acto creativo. Siendo un poema emblemático "Poema memorable":

“Esto que si será poema o no
Es para mi hermano José
El mismo que un día
Al verme escribiendo versos
Me dijo sin asco:
"Lo único que haces
Es perder el tiempo"
Y esto no saben
Ni pueden saber
Cuánto me dolió
Desde entonces ¡zas! -yo no-
Mi corazón le quitó el habla
Empujándome con violencia
A la noche A las palabras
Por eso insisto insistente:
Es todo el amor posible
Hecho poema ya
Lo que precisamente entrego
A los que amor siempre me dan”.


La Segunda parte de (A) está agrupada bajo el título de: “Ricardo corazón de León”; un conjunto de textos donde resalta lo amoroso. Aquí se nota una marca intertextual notoria a algunos escritores idolatrados como Federico García Lorca (léase: “El tono de tus ojos”) o Ernesto Cardenal (léase: “Poema de cumpleaños”) o al gran César Vallejo (en “Tiempo de amar”). Referentes que amplían el manejo de las lecturas, de los ritmos, de la asimilación de los textos de estos amados poetas. Estos y otros textos permiten entender mejor la atmósfera de la ausencia, la nostalgia, el amor a la utópica mujer o niña de sus ojos. Voz casi desgarrada de rabia, de burla, de reproche, de ansia de amar al ser amado. Es la motivación más importante de esta parte del poemario. Es el canto del hombre que hace, vive, respira poesía y lo llena en la copa del amor eterno hacia lo que se amó, se ama y se amará. Un guiño de ironía, pasión y odio es otra característica de esta segunda parte del libro. Léase, por ejemplo, “Amores s.a.”, de quien no resisto en transcribir algunos versos:

“Del gran amor que dijiste tenerme sólo quedan
Los poemas que escribí en tu nombre
Las iniciales de tu nombre y el mío
Bordados a orillas de un perfumado pañuelo
........................................................................
Sólo quedan recuerdos de días distantes
Y un jamás creí (flotando en el aire)”.

Esta parte es la más lírica del texto, es la sección de la ternura; pero que no descuida el otro gran motivo de todo el texto que es la construcción de una gran poética tal como puede leerse en un poema bodeleriano titulado: “El gato del aeda”.

La tercera parte del poemario titulado: “Tratados del alma”, refuerza las motivaciones que hemos señalado. Pero resalta otro efecto que es mostrado con sentido sentimiento. Aparece la muerte arrebatando un pedazo de lo mirado y amado por el poeta. Hay una clara cercanía del dolor que se resiste a torcerse y hacerse más dolor. Y resalta más bien lo dicho en el epígrafe citado por el poeta al comenzar esta sección: “La vida debe seguir/aunque los hombres buenos mueran” (Edna St. Vincent Millay); y es así, la voz del poeta se hace oración, un aferrar la vida a la poesía y al amor. La muerte se pasea en la brevedad del párpado del poeta mientras le dura el sueño. Pero el amor, el estar: “Pegado al pie de las letras” salva a la vida y el alma ansía vivir eternamente en el poema. Y es “Ansia anhelante” sobre la marcha que se pide a gritos (sin dejarse esperar):

“Que vengan Que vengan
Leyendo Fumando Escribiendo espero
Inédito constructor de castillos de arena
Y naipes en el aire, en áspera espera
Mesando la larga blanca barba del viento
O el acariciado rubio pelo de choclo
Sin más ni más
Aquí Triunfante espero
Con el ansia anhelante
De ETERNIDAD”.


Eternidad o no, estamos frente a un libro importante realizado por un poeta peruano de esta última promoción que algunos han llamado del 90. Ita Gómez, es de esos silenciosos poetas que va construyendo su propio camino con la tenacidad de su palabra limpia, con esa sencillez que a veces recuerda otra sencillez que es: mostrar el corazón en los dedos, en el lapicero y en el matrimonio secreto del poeta con la poesía.


Raúl Jurado Párraga.


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ANSIA TRASCENDENTAL

Conocí a Jorge Ita Gómez en los últimos meses de 1987. Aquel entonces el local de la desaparecida ANEA en el Jr. Puno fue escenario de innumerables tertulias y perfilaciones en torno a la poesía. Ita “vivía” dirigiendo dos revistas de periodicidad indeterminada: “Estruendomudo” y “Deshojación sagrada”. Arribó la década del 90, y desaparecen ambas publicaciones, en las cuales brillaba el ansia de un poeta en búsqueda de una atmósfera personal. Luego arregla cuentas con la poiesis y edita “El amor visto a través del vino” y “Reino de este mundo”. Al tiempo que participa en recitales, revistas, su pluma oral es difuminada en cuanto colegio imparte la enseñanza. “Ansianhelante” es su último poemario, editado por el Colegio “Nuestra Señora de la Merced”, preludiado con el verso de la poeta uruguaya Idea Vilariño: “una sombra mujer ansianhelante”, plegado de temporalidad y deseo de acecho.

En una suerte de apostolado por la poesía, Ita Gómez versifica: “He criado versos toda mi vida”, motivo por el que estructura el libro en tres estancias como décadas por él transcurridas: “Razón de canto”, “Ricardo corazón de León”, y “Tratados del alma”. El ritmo que manifiesta es una decidida libertad polisémica experimental. Cierto juego lúdico cotidiano y sensación de abrazar a todos los hombres, como en el poema “Masa” de Vallejo.

Esta tercera obra está dedicada “A quien corresponda”, y al hacerlo se refiere a todos, porque en la rutina de la trascendencia que otorga la poesía, todos nos identificamos y consustanciamos con versos que ondeen acompasadamente y, que de pronto, como un felino salvaje, giran en 360 grados. Y más aún si “Ansianhelante” acaba con una palabra inacabable (y digitada en mayúsculas): ETERNIDAD. Aquella a quien quisiéramos, aunque sea un instante, todos poder palpar.

Finalmente, nos enfrentamos a la dicotomía persistente y antagónica: la trascendencia del ser humano y su obra vital versus la trascendencia del poeta y su obra literaria.


Santiago Risso.

En: Diario “Cambio”, Lima, 2 de marzo de 1999.


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ANSIANHELANTE
(De Jorge Ita Gómez -Edit. Colegio Privado “Nuestra Señora de la Merced”-Lima, 1998, 80 pp.)

Luego de los poemarios “El amor visto a través del vino” (1989) y “Reino de este mundo” (1990), Ita Gómez ha venido modulando con paciencia y tenacidad un estilo cada vez más limpio y fluido, con el que inaugura una nueva etapa lírica que se expresa en los últimos textos en donde se advierte una mayor densidad poética. Pero pese al descuido formal, sobre todo en su segundo libro, este autor fue uno de los primeros de la nueva poesía que supo abordar, con nervioso acento y optimismo, temas netamente populares que involucraban a la periferia urbana (la “Cultura Chicha”, El Agustino, el Cerro San Cristóbal; etc.), cuando esa misma marea híbrida y marginal sería recogida por distintos grupos juveniles rockeros en masivos eventos musicales como el denominado “Agustirock”, así como también por jóvenes vates que finalmente recalarían en esa tendencia, como Roxana Crisólogo, Miguel Ildefonso, Mesías Evangelista, entre otros.

En ANSIANHELANTE persisten aún de manera sencilla y espiritual, estos motivos iniciales pero con una mayor unidad estilística y verbal que se evidencia, con madurez expresiva, en la última sección del libro titulado: “Tratados del alma”. Poemas como “Homenaje a Sigmund Freud...”, “Síndrome del hipocondríaco”, “Mística subceleste” o “Ansia anhelante” nos revelan una voz ya interesante que, con mucha intensidad, sabe explorar el lado sensible de las cosas. De allí que la ternura, la solidaridad, la compasión y la amalgama entre lo poético y lo amoroso se han de convertir en piedras angulares de este poemario: “Ya nada pido ni procuro para mí/más que un lugarcito cariñoso, en el Sagrado Corazón de Jesús/Donde poder reclinar la cabeza/Y dormir el Sueño de los Justos/En mis laureles tenazmente/Ya en Lince, El Agustino o Abajo el Puente”. Ita Gómez nos demuestra que la poesía debe asumirse como un trabajo de alfarero que sólo el tiempo, la madurez y las constantes lecturas han de moldear con eficacia el barro.


Antonio Sarmiento.

En: Diario “El Callao” -Lunes 12 de julio de 1999.



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